domingo, 8 de enero de 2012

Lo ves y no lo crees, y cuando lo crees, no lo sientes.

Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. No pude evitarlo, no podía conseguir alejar ese pensamiento de mi. ¿Qué está ocurriendo? Eso era lo único que era capaz de preguntarme una y otra vez. Pensé que ya estaba superado -me recordaba a mi misma- pero no.

Justo en el instante decisivo, era poder o no poder. No. Mejor dicho, era querer o no querer. Apareció en mi mente los ojos que más dicen sin hablar... y justo en ese momento, ni quise ni pude.

Recompuse cada pedazo de mi, me mantuve en pie. Recordé aquella promesa, y la cumplí. No lo he hecho mi amor, no lo he hecho. Eso me recordaba una y otra vez, intentando pintar la oscuridad de algún color. Y por un segundo me faltaron fuerzas... y caí desplomada al suelo en la más absurda desesperación. Sin fuerzas, sin ganas, hundida sin más.

No hay explicaciones lo suficientemente reales para tal sensación, no, no las hay. Quisiera enseñarte con palabras lo que siento con dolor, desearía componerte frases para que entendieras la explicación. Pero ni tu, ni nadie, entenderá jamás la situación.

Por lo tanto amor, no me sueltes. Que por suerte o por desgracia, no hay mal que por bien no venga. No intentes ser más de lo que ya eres, porque tu con esto no puedes, es más, no te dejaré traspasar más allá de lo que debes. Eres tu por el que cumplí mi promesa, eres al que intentaré no fallarle nunca.

Lo que no mata, te hace más fuerte. O al menos eso dicen. Y estoy completamente segura de que tu me has hecho más fuerte.




martes, 27 de diciembre de 2011

Lágrimas preciosas.

Como cuando era pequeña y compartía juguetes en el patio del colegio con el chico que me gustaba. Como cuando estaba en primaria y el guapo de la clase quería sentarse conmigo. Como cuando comencé el instituto y me pidieron salir por primera vez. Como aquel primer cosquilleo y temblor de piernas al ver a ese chico especial. Como aquella primera cita y aquel primer beso. Como aquella primera vez que sientes amor hacia otra persona. Como la amistad que sentiste por aquel amigo que no se fue jamás. Como ese sentimiento de satisfacción al conseguir lo que te proponías.

Como todos esos sentimientos, pero a la vez. Sí. Mezclados, revueltos, sin orden, fuertes, ingenuos, sinceros y poderosos. Todos ellos sin más, sin un por qué, sin poder dar explicaciones, con sentido o sin el. Como sea, que más da. Eso es lo que siento en este momento.

Porque me arrepiento cada día más de cada vez que pensé no puedo con esto, por cuantas veces intente decir en voz alta se acabó lo nuestro, por todas las palabras mal dichas, los desplantes y los desaires que tuve contigo, porque sí, porque me arrepiento.

Adicta a tu sonrisa, a tus besos, a tus manos, a tu mirar, a tus caricias. Adicta a ti, y nadie más.

No quiera más días malos, ni tormentas. Y es que amor, ya todo me da igual... lo único verdaderamente importante para mi es tu felicidad. Me da igual todo hasta el punto de amar sin medidas, de quedarme sin aliento, de rajar mi piel con recuerdos.

Porque me has enseñado tú a disfrutar del momento, a cerrar los ojos y dejarme llevar. Porque me puedes y nunca pensé verdaderamente que lo nuestro fuera a funcionar, y sin embargo esto es tan grande que se me va de las manos, que no soy capaz de controlarlo, que me lleva y me trae. Algo que me cuesta aceptar, que en momentos determinados me cuesta crees, que ciertas noche pienso debe de ser un sueño.

Sé que soy para ti, y tu para mi. Y no hay más. Dos piezas totalmente imperfectas de un rompecabezas que encajan con la mayor perfección. Me haces feliz hasta el punto de llorar de alegría, sintiéndome viva al ver tu sonrisa. Sí, soy feliz, más que nunca, más que con nadie, más que en cualquiera de estos últimos días.

Porque mi amor eres ese rayo de sol que entra por mi ventana, eras esa palabra de consuelo, y esos ojos a donde mirar. Eres todo lo que quiero que seas, y eres de lo que nunca, y digo nunca, me quiero separar.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Un poco más para ti.

Cuatro paredes, distinto color. Tres deseos, que me beses, que te dejes besar y que nos besemos. Dos cuerpos, el tuyo contra mio y el mio contra el tuyo. Y un solo sentimiento, querernos.

Estoy sentada, y me esperas. Pero no soy de las que se lanzan a la primera. Te hablo y me hablas. Te hago enfadar, y me encantas. Yo mientras sonrío, tu sin embargo me extrañas. Y entonces te acercas, y me observas muy cerca. Miras mis labios, me quieres besar... profundizo en tu ojos, me dejas pasar. Y entonces con una sola mirada nos entendemos. Esas miradas silenciosas en las que dices sin querer en las que delatas las verdades, y aunque intente parar, sabes que mis ojos nunca mienten.

Me tomas por la cintura, te rodeo con mis brazos. Me dejas de caer suavemente en la pared.
Conviertes su frialdad en tibieza, y la dureza en comodidad. Una, dos, tres, cuatro paredes... por todas me llevas. Todas son nuestras.

Y entonces sucede, mi nariz se roza con la tuya. Jugamos a ver quien puede más. Pero no podemos... me besas, te beso, nos besamos. Me acomodo en tus labios, me relajo en tus brazos.
Y se para el tiempo, desaparece el universo. Ay amor, ¿dónde estoy? ¿dónde estamos?

Te paseas por mi cuello con tu delicadeza propia. Yo apenas me muevo, me bloqueas. Me sigues besando, tu mano acaricia mi costado. Reacciono. Te beso. Más fuerte que nunca, mas suave que nadie. Entonces tu pasividad se convierte en locura. Subimos por las escaleras de los placeres prohibidos, me acomodas en tus sábanas como si fueran mías propias. Y entonces me abrazas sin dejarme escapar, me haces tuya. Y no opongo resistencias, es más quiero serlo.

Y entonces tu veneno se entremezcla con mi cuerpo. Me olvido de todo y de todos. Ahora sólo dos cuerpos, el tuyo contra el mio y el mio contra el tuyo. Mi mano en tu pecho, mi boca en tu cuello, tu mano en mi espalda, tu aliento en mi pecho. Nos sobra todo, el abrigo, las preocupaciones, las dudas y los miedos. Queremos ser uno, un solo cuerpo. Mientras tanto me miras, y recorriendo palmo a palmo los secretos de tu ser. No sabemos donde tenemos las manos ni si quiera donde hemos dejado la cordura. Quizás sea el placer de ser amados nos condujo a la locura. Sí a la locura más buscada y de la que ninguno nos queremos desprender.

Y en ese momento, donde estallan los corazones, donde las mariposas del estómago están más inquietas que nunca, donde convergen dos almas, donde se muerde la locura, donde todo acaba. En ese instante sabes que amas más que nunca.

Vuelve la calma, y me encuentro en tus ojos. Ahora todo está en silencio. Te sientes más relajado que en cualquier otro momento. Suspiro. Observo la belleza más esplendida que mis ojos hayan visto. Dejo de caer mi mano en tu pecho, y me acomodo en tu cuello. Escucho tu corazón, que casi grita sin quererlo. Ahora tu respiración y la mía van al mismo ritmo.

Miro a todos lados, los rayos de sol se fueron con nuestro placeres, ya ha caído la noche y por la ventana apenas entra unos pocos rayos de luz. Esa luz que hace este recuerdo más bello. Que paz mas inmensa, que silencio más ruidoso, que efímero momento.

Notas mi tristeza porque ahora me debo marchar. Lentamente punteas mis costillas, clavas tus dedos en ellas, las acaricias... Y entonces encuentras mi debilidad, y me haces reír. Sí rió a carcajadas, y tu ríes conmigo. Y ríes porque sabes que me haces feliz, y entre cosquilla y cosquilla nuestras miradas se cruzan, paramos el tiempo. Sin decirnos nada sabemos que momentos como este son los que queremos hacer nuestros, momentos donde no nos haga hablar para entendernos y donde la risa cubra todo lo malo.

Y entonces, ese sentimiento, ese único sentimiento que dos personas como nosotros, como tu y como yo podemos tenernos. Y es el querernos, el amarnos por encima de todo.


Déjame poner siempre esas cuatro paredes para que mis tres deseos se cumplan a la vez que unimos nuestro cuerpos, por el simple placer de querernos solo como nosotros sabemos hacerlo.




Ya lo sé.

No estás, no te ves, no te encuentras. Cierras y abres los ojos mil veces, intentando que esa realidad sea menos dolorosa. Te miras, te miras, te miras ... Pero no te ves. De frente, de perfil, de espaldas... te aprietas, te arañas... No te ves, no, no te quieres ver.

Jamás lo haré, piensas... Mentira. Lo haces. Sí, lo haces y lloras... lloras y lo haces.
Y ahora... ¿ahora qué? Podré con ello, sí, claro que podré. Mentira. Nadie puede.
Ahora te ves, pero ya no eres tu. Decepción. Y llega el día, explotas. Lo dices en voz alta. Duele.
Consejos, palabras, desacuerdos, incomprensión. ¿Sabes lo qué es? Pues entonces, cállate.
Te prometo jamás lo volveré hacer. Mentira. Mentira otra vez.

Se rompe todo. El cristal, el silencio, la mentira y la verdad. Se sale la pieza del rompecabezas, se escapa el rayo de sol, se secan las nubes, vuelan las flores, florecen los pájaros, el aire se hace visible. Lo imposible parece posible, pero no deja de ser menos complicado.

Y entonces sucede.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Un nuevo despertar.

Despierto, y sin abrir los ojos inspecciono mi alrededor, escucho una respiración tranquila, y ese perfume tan dulce y familiar me hace sentir en el paraíso. Abro los ojos y veo los primeros rayos de luz atravesar las cortinas y dar a la habitación un color especial. Miro a mi lado izquierdo, y ahí esta él, como todas las mañanas... tan perfecto como siempre. Esta despierto y sonríe. Me besa en los labios, un beso cálido y alegre. Se deshace rápidamente de las sábanas y sale de la cama.

Me quedo sola en la habitación, que ahora está vacía sin él. Salgo de la cama de un salto y miro sonriente la última foto que nos hicimos juntos. Abro el armario y cojo rápidamente una camisa azul que me regaló en mi pasado cumpleaños. Me visto rápido, recojo mi pelo de forma improvisada y a toda prisa bajo las escaleras. Te busco en el salón pero ya me esperas en la cocina. Estas de espaldas y te abrazo lo mas fuerte que puedo. Buenos días mi amor. Ya me has preparado el desayuno, tal y como a mi me gusta, como todas las mañanas. Todos los días parecen perfectos al lado de la persona que quieres y todos los desayunos saben mejor si los puedes compartir con él.

Llega la hora de irnos a trabajar, me besas entre risas. Me cuesta trabajo separarme de ti. Pero siento como el día pasa, mientras pienso dónde estarás o qué estarás haciendo. Quizás estés pensando en mi. Cuanto te extraño.

Por fin llego a casa y tu aún no has llegado. Decido esperarte en el sofá. De pronto veo por la ventana aparecer tu coche, y mi estómago se estruja, el corazón late más fuerte. Como al principio de todo, como los primeros días.

Abres la puerta y me buscas por todos lados. Pronuncias mi nombre como jamás nadie lo hace. Me encuentras y salto a tus brazos. Te he echado de menos me susurras al oído. Acaricias mi espalada, besas mi cuello. Te abrazo más fuerte que nunca, te quiero. Nos dejamos llevar por el deseo de la piel, reímos, disfrutamos, nos queremos. Y entonces en el instante más perfecto, cuando nuestros cuerpos pasan a ser uno solo. Despierto. Todo ha sido un sueño. Tú no estás a mi lado al despertarme, ni me esperas para desayunar, no saldremos juntos al trabajo, ni nos veremos al regresar.

Suspiro. Y me doy cuenta de que aunque todo haya sido un sueño, no dejará de ser una realidad. Sí lejana quizás, pero no menos ilusionadora que cualquier otra ilusión. Porque quiero que me cuides y cuidarte yo a ti. Hacer la cena y deshacer la cama juntos. Sentarnos en el sofá, ver películas, leer, reírnos. Discutir y reconciliarnos . Querernos. Amarnos. Me encantaría entrar por la puerta y verte ahí, en el comedor, con miles de besos esperándome. ¿Me abrazas? Dejar pasar el tiempo. Mirarte recién levantado y mientras duermes. Conocer tus gestos. Estar enamorada de ti. Olvidarme de todo. Me haces pasar frío y calor. Sentir pasión y querer más. Desearte a todas horas. Y amar nuestro amor. Esta locura, mi precioso sueño. Sueño. Contigo. Te amo. Soy tuya para siempre, ese siempre que los dos creamos. No me dejes nunca, aunque estemos lejos.

¿Por qué? Porque esto es amor, por cada palabra, por cada beso. Porque me enseñas lo malo y lo bueno, porque nunca me mientes, porque me encuentras cuando estoy perdida, porque me quieres. Por todas las peleas. Por todo aquello que vivimos y que haremos. Por mis ojos cuando miran a los tuyos.Por ese 29 de junio y ese 3 de septiembre. Porque eres tu y soy yo.

Por los escalofríos y silencios. ¿quizás sea demasiado pronto para todo esto? Sí, porque puede mañana todo haya acabado. Porque puedes estar equivocado y me puedo estar equivocando. Porque los sueños no son más que el reflejo de los sentimientos. Y soy feliz, y eso nadie lo cambia. La vida me da razones. Y él es la principal. Por una eternidad lejana. Porque ya no le tengo miedo a nada.

Por ese amor que nos hace ser una sola alma. Sí, por ti y por mí.





jueves, 13 de octubre de 2011

La perfección en persona.

Si tuviera que colocar la palabra perfección, en algún lugar, en algún objeto, en cualquiera de las miles de cosas que me rodean, sin duda alguna, la colocaría en ti. Si alguien me preguntara por qué...

Comenzaría a describirte, pero solo como yo te conozco... Y empezaría por tus ojos, esos que dan vida solo con mirarlos, esos mismos donde noto cuando algo no va bien, esos que reflejan la superación diaria, la madurez inhumana, el miedo a nada. Ojos de mirada profunda, y de profunda mirada.

Y seguiría por tu boca, puertas del paraíso de tus besos. Besos tiernos con sabor a caramelo. Boca que habla sabiendo callar, boca que espanta cada malo recuerdo, boca que desprende el alieno más dulce, boca que susurra y pronuncia sin miedo los te quiero más verdaderos que jamás nadie escucho.

Déjame hablar de tus manos. Las más tiernas que conocí en mucho tiempo. Manos que tienen la capacidad de secar lágrimas y dibujar sonrisas, esas mismas que me acarician en las tarde tranquilas, las que me agarran y jamás me sueltan. Las que quiero apretar bien fuerte el resto de mi vida.

Quizás tengas la innata capacidad de hacerme reír y llorar a la vez. Sí, la tienes. Puedes poner mi mundo del revés, pues hacer de lo malo algo bueno, y de lo bueno algo malo. Ya que no siempre es lo malo lo peor y lo bueno lo mejor.

Y tu forma de ser, de ver las cosas... me toma, me lleva, me arrastra... allí por donde vas, siempre te sigo. Y te apoderas de mi cuerpo. Y me besas como a mi me gusta, como tu sabes hacerlo. Me abrazas, me haces cosquillas, me acaricias la mejilla... una, dos, tres veces más y ya estoy perdida.

Eres la perfección en las noches de lunas, de los días claros. Eres la brisa fresca del mar en las playas desiertas. La lluvia que moja, y limpia el ambiente. La humedad que rocía los pétalos de las flores en primavera. Un cielo estrellado. Eres el silencio de un ángel, eres el que todo lo calma.

Deja las modestias a parte, y no subestimes mi encanto... que yo por ser como soy, elegí tu risa, elegí tu llanto. Tienes todo lo que busco, me das todo lo que pido, eres todo lo que quiero, y te quiero aquí conmigo. Así que lo crean o no, eres lo mas cercano a la perfección que conozco, porque por mucho que digan no, pues si, para mi la perfección existe, y se asemeja a ti. Y lo eres porque no pretendes serlo.

Porque la perfección no consiste en ser perfecto ante los ojos del mundo, si no en serlo para la persona que pretende ser tu mundo.

Y tú para mi, eres perfecto.