Estamos diseñados para amar, para enamorarnos. Y hay personas que se pasan su vida vagando en busca de su media naranja, en busca de ese amor de película... Van gastando sus besos en labios que probablemente nunca serán lo suficientemente buenos, porque siempre quieren más.
Yo que he probado labios que no sabían a nada, que he pasado noches entre sábanas que nunca me abrigaban y que lloré por un hombre hasta quedarme sin lágrimas. Por eso mismo, por esas lágrimas sé que tengo el tesoro que muchos andan buscando.
Yo me enamoré sin quererlo y lo encontré sin buscarlo. Simplemente apareció, llego a mi vida y la cambió. Ahora, después de varios años, de distancias y silencios sé que ese amor existe de verdad si alguna duda me quedaba de ello.
Lo sé porque me encontré con otros cuando al único que buscaba era ti. Sí, ahora lo entiendo todo. Ahora sé porque son amores eternos. Y es que no nos elegimos, simplemente nos encontramos en el mismo camino. Nunca hicimos el esfuerzo de querernos porque nos amábamos más de lo permitido.
Mi amor es eterno porque a pesar de los problemas nada pudo destruirlo. Sólo se hizo más fuerte. Sé que es eterno porque mis ganas de quererte son más fuertes que todo el dolor que me hiciste sentir. Esto es eterno porque cada uno de tus besos borra cada lágrima, cada noche oscura y porque me rompiste el corazón pero eres el único que puede curar mis heridas.
Y eso solo pasa cuando has encontrado a tu compañero, a tu aliado en cada batalla, a un amante fiel, al padre de tus hijos, al que sabes que nunca te cansarás de querer. Pasa cuando los defectos te parecen virtudes, cuando aceptas a esa persona tal como es y no pretendes cambiarla.
Lo sé porque desde que te conocí estoy perdida, porque contigo mi corazón no atiende a razones. Y de eso se trata. Cuando te das cuenta que al contrario que todo el mundo, al contrario que esas personas que buscan a alguien adecuado... eres cociente que dejaste de querer con el cerebro para amar de corazón, cuando no haya pensamientos que puedan callar lo que sientes. Cuando no tengas miedo.
Por eso lo sé, por eso sé que tengo el privilegio de compartir el resto de mi vida con mi amor eterno. Por todo esto amor, por las risas y por los llantos, la distancia y el tiempo, por cada problema y sus soluciones, por cada segundo de vida que me has regalado, por el pasado y futuro, por hacerme perder la cabeza... Por todo lo que me haces sentir, déjame enseñarte el resto de mi vida que este amor, es eterno.
lunes, 25 de mayo de 2015
martes, 28 de abril de 2015
Si vuelves...
Sí vuelves que sea para quedarte. Si vas a volver por favor llega con las esperanzas puesta en algo que nosotros podamos ir creando, vuelve con ganas y sin miedos, vuelve con amor, vuelve con las intenciones de poner mi vida patas arriba.
Vuelve con tu sonrisa y esos hoyitos que la adornan. Regresa con ese brillo en los ojos, con ese pellizco en el estómago. Con las ganas de comerte el mundo de mi mano. Vuelve tarareando pasodobles para que yo pueda escucharlos, para que sepa que eres tu, para poder encontrarnos.
Si vuelves que sea con esa camisa blanca, con esa que me encantaba. Y tráete la corbata si acaso para al menos poder quitártela. En tus labios trae mis besos, no se te olviden, tráeme todos esos que no nos hemos dado. Y por favor tráeme los mil abrazos que me faltaron cuando me perdí, cuando lloraba, cuando te echaba de menos, tráemelos, los necesito.
Para las noches dime que traes caricias, que no habrá amaneceres fríos. Vuelve con esas manos suaves, las que me levantaban cada vez que me caía. Regresa con paso firme, pero sin prisas. Si vas a volver que sea para buscarme si me pierdo, si quieres volver, vuelve, pero para hacerme feliz. Para que podamos serlo.
Pero si vienes con dudas y sin intención de romper todos mis esquemas, no vuelvas. Si vienes sin sonrisas, sin besos ni caricias, quédate donde estás, por favor no vuelvas. Si en ti ya no hay ilusiones, si al verme en tu estómago no revolotean mil mariposas, si eres capaz de mirar mis labios sin querer besarlos ni si quiera lo intentes. De verdad si encuentras mas problemas que soluciones, si no existe nada por lo que merezca la pena arriesgarte es hora de que mires hacia delante. De que me olvides.
Si vas a volver que sea mientras aún te espero, mientras me queden ganas... pero si vas a volver cuando ya me haya ido, si vas a volver tarde, por favor no vuelvas. Eso sería mucho peor a que hubieras vuelto a tiempo y nos hubieras perdido.
martes, 31 de marzo de 2015
Amores dormidos
Aún me da un vuelco el corazón cuando escucho tu nombre, aún sigo saliendo en tu defensa cuando tus acciones no tienen justificación. Aún me sigues doliendo.
Siempre estás, siempre te quedas. Eres inagotable y a la vez agotador. No sé exactamente cuanto tiempo hace que te marchaste, si fue antes o después de aquel adiós. Quizás sea que no lo hiciste nunca. Que aquel adiós nunca existió y que vamos ocupando nuestro espacio de ''hasta pronto'' que se renuevan continuamente.
Nunca fuimos lo suficientemente valientes para dejarnos ir, para marcharnos, para olvidarnos. Tú andas buscando alguien que te quiera como yo, que se parezca y yo sigo buscando alguien a quien querer de esa manera. Es una pena que siempre fracasemos los dos.
Y entonces acabamos perdiéndonos en el recuerdo de todo aquello que siempre nos hace volver, dudar y quedarnos. Siempre en silencio, tu pendiente de mi y yo a la espera de ese sí. Esa afirmación que me haga dar el sprint final, el que me queme los pulmones ya llenos de cansancio y me lleve a la meta. A cruzar esa puta linea que nos separa.
A veces me pregunto qué hacemos perdiendo el tiempo buscando en otros sólo lo que nosotros podemos darnos. A caso hay alguien en este planeta que le quede aquel perfume tan bien como a ti, o es que existe ser humano que te iguale en defectos y virtudes. Y dime si es que alguien te beso como mis labios lo hicieron o si encontraste una maniática que te saque tanta sonrisas como yo.
Ahora perdóname si el tema es encontrar un polo opuesto al mio, perdóname si lo que pretendes es no volver a tener en tu vida a alguien que se vuelva tan loca como yo al ver tu sonrisa. Quizás nunca me quedó claro.
Perdóname también si pretendes olvidarme y mi recuerdo no te deja, quizás sea que no debas o que no quieras y no puedas. A lo mejor es la suma de todos esos factores, o probablemente sea el destino que no quiere que nos vayamos. Que se empeña en abrir el libro cada vez que lo cerramos.
Porque siempre hay algo sabes... siempre hay un olor, un sonido, un lugar o una palabra que me acerca a ti. Que nos acerca. Y al final pasa que te cansas de evitar esas señales y mandas al traste a todos con todos esos imposibles. Porque me dan igual, joder, porque aunque siempre quiera no puedo.
¿Y no es ese motivo suficiente para seguir luchando? ¿o es que a caso se puede ir en contra de lo que sientes? ¿no es eso el amor?
Ya no creo en las historias felices, porque lo que realmente vale la pena duele y se construye en base a contratiempos. Y es así la única forma de hacernos fuertes, porque también era esta la única forma de darnos valor, de darle valor a todo lo que teníamos. A todo lo que jamás encontraremos en otras personas.
Y si mañana es el día de olvidarnos no sufro, porque si mañana pasa es que ese era el sentido de nuestra historia. Y si luego ocurre que te enamoras de alguien mejor que yo, lo celebraré, porque no eras mío. Es más si en algún instante me olvido, te olvidas y nos olvidamos de querernos... ay cariño si eso pasa, si la linea de meta se convierte en otro punto de partida y mis pulmones se vuelven a llenar de aire limpio. Cuando mire hacia atrás y vea todo el camino recorrido volveré a sonreír, volveré acordarme de ti, pero de una forma distinta.
Mientras tanto, mientras me acerco a trompicones a esa linea de meta o quizás de inicio de otra vida... sigo agotando cada aliento, cada instante de vida... Mientras tanto sigo dejando que la vida nos sorprenda, que las señales nos guíen, sigo siendo feliz.
Pero no te olvides que a veces ir en contra de uno mismo es el peor error, y que cambiar lo que deseas en ese instante por lo que quieres para el resto de tu vida por la impaciencia es la sentencia segura a una vida llena de sinsabores, de culpas y sobre todo de desamor.
Pero no te olvides que a veces ir en contra de uno mismo es el peor error, y que cambiar lo que deseas en ese instante por lo que quieres para el resto de tu vida por la impaciencia es la sentencia segura a una vida llena de sinsabores, de culpas y sobre todo de desamor.
lunes, 3 de noviembre de 2014
Siguiente capítulo.
Al borde del precipicio, sintiendo que si daba solo un paso más probablemente caería al vacío. Esa sensación que tantas veces tuve, pero que justo en ese instante no me dio miedo. Y no es que solo diera un paso, si no que me lance de bruces al vacío más liberador que jamás he podido experimentar.
Sí, fue justo en ese momento que nuestros labios volvieron a rozarse después de muchas madrugadas de distancia.
Esa misma mañana apareciste agarrado del brazo de ella, y por vez primera tuve que enfrentarme a el pasado que me unía a ti, cuando te tuve delante, cuando sentí tu perfume al rozar tus mejillas, al oír tu voz, al tenerte frente a frente... sentí que jamás te habías ido. Mi corazón sonreía aturdido por aquel sentimiento conocido y desconocido a la vez.
Nuestro pueblo, sus calles, la noche, el destino, la suerte y quizás las ganas también hicieron que esa noche volviéramos a unirnos. Quizás en alma, quizás en cuerpo o probablemente quizás en ambas también.
Al recorrer de tu lado el camino que tantas veces hicimos sentí que ni el tiempo, ni el dolor, ni la distancia nos habían separado. Solo parecía eso, una noche más de todas aquellas que fueron nuestras. Me vi frente a tu portal cruzando el umbral de la locura, sabiendo que si subía aquel escalón me entregaba a aquello que el destino nos tuviera preparado para esa noche.
Intentaba recomponerme, deshacer el nudo de mi estómago, calmar mi corazón... pero de repente estábamos ahí, en aquella casa que olía a risas, a gente humilde, a familia, a mil historias, a nuestra historia que fuimos escribiendo en sus paredes. Sí en esas rosas, en las verdes, en sus cristales, en cada esquina un recuerdo, en cada habitación una vida. Y quería volver, volver aquellos días.
Sentados en el sofá donde compartí sonrisas, comidas, películas, besos, abrazos amigos, charlas interminables, sí ese sofá azul, el sofá de las verdades, el de la inocencia, no es uno cualquiera, es el vuestro, el suyo, el que alguna vez también fue mio y esa noche volvió a ser nuestro.
Porque allí entre tus brazos, sentí, sentimos que no había pasado ni un solo día... y me acurruque en tu pecho y volvía a escuchar mi melodía favorita, la que marca a compás tu corazón. Y en ese instante me dio todo igual, el pasado y el dolor... solo quería que fuéramos felices allí donde siempre lo fuimos.
Al cruzar aquel pasillo, al rozar tus sábanas sentí como ya no había marcha atrás. Y allí donde dos puntos convergen, donde siempre... volví a sentir tu piel, te volví a sentir... tus manos y las mías se enredaron. Y al principio ninguno queríamos abrir los ojos, porque sabíamos que es mucho mejor sentir desde dentro.
Y paso la noche, y hubo besos, abrazos, miradas, caricias... no sé si amor, no sé si pasión pero si un nosotros. Sentir que eras tu y no otro cuando en sueños dormido susurrabas. Volvimos a dormir en aquella estrecha cama, y me buscaste de madrugada para acurrucarme en tu pecho, no sé si por compasión, por pena o por deseo. Lo que sí sé es que me podría quedar ahí a vivir.
Y a la luz de alba, escuche los sonidos de nuestras noches compartidas, el de bares que abrían sus puertas, el de voces en las calles donde tu has crecido, el olor a café, el frío de tu habitación que se pega a las huesos y hacen que nuestros cuerpos sean el mejor abrigo. Todo lo que ya había olvidado, pero miles de noches he vivido.
El reloj marcó la despedida, y tras ella... tras aquel ultimo beso sentí como nuestros corazones habían cerrado algunas heridas, escuche ese clic, el que indica que algo se ha puesto en marcha. Quizás sumiéndonos en el anhelo, la nostalgia o las ganas esa noche despertamos los fantasmas del amor, del nuestro.
Quizás por eso tenga esta sensación, que me ha dicho bajito que camine despacio y lento porque camino hacia mi sueño. No sé si serás tú, y tampoco quiero saberlo. Pero no me arrepiento de cada segundo vivido a tu lado, puesto que sea por el motivo que sea, no ha sido en vano.
A ti mi incansable compañero, hemos comprobado que ni la distancia, ni el tiempo son suficiente excusas para dejar de buscarnos. Y por eso ahora entiendo que a veces es necesario perderse para poder encontrarnos.
No le buscare un final acorde a este escrito, puesto que relata un poco más de nuestra historia, que a día de hoy y después de muchos puntos suspensivos, vueltas de página, puntos y apartes aún no ha encontrado un final. ¿Y por qué dárselo?
Sí, fue justo en ese momento que nuestros labios volvieron a rozarse después de muchas madrugadas de distancia.
Esa misma mañana apareciste agarrado del brazo de ella, y por vez primera tuve que enfrentarme a el pasado que me unía a ti, cuando te tuve delante, cuando sentí tu perfume al rozar tus mejillas, al oír tu voz, al tenerte frente a frente... sentí que jamás te habías ido. Mi corazón sonreía aturdido por aquel sentimiento conocido y desconocido a la vez.
Nuestro pueblo, sus calles, la noche, el destino, la suerte y quizás las ganas también hicieron que esa noche volviéramos a unirnos. Quizás en alma, quizás en cuerpo o probablemente quizás en ambas también.
Al recorrer de tu lado el camino que tantas veces hicimos sentí que ni el tiempo, ni el dolor, ni la distancia nos habían separado. Solo parecía eso, una noche más de todas aquellas que fueron nuestras. Me vi frente a tu portal cruzando el umbral de la locura, sabiendo que si subía aquel escalón me entregaba a aquello que el destino nos tuviera preparado para esa noche.
Intentaba recomponerme, deshacer el nudo de mi estómago, calmar mi corazón... pero de repente estábamos ahí, en aquella casa que olía a risas, a gente humilde, a familia, a mil historias, a nuestra historia que fuimos escribiendo en sus paredes. Sí en esas rosas, en las verdes, en sus cristales, en cada esquina un recuerdo, en cada habitación una vida. Y quería volver, volver aquellos días.
Sentados en el sofá donde compartí sonrisas, comidas, películas, besos, abrazos amigos, charlas interminables, sí ese sofá azul, el sofá de las verdades, el de la inocencia, no es uno cualquiera, es el vuestro, el suyo, el que alguna vez también fue mio y esa noche volvió a ser nuestro.
Porque allí entre tus brazos, sentí, sentimos que no había pasado ni un solo día... y me acurruque en tu pecho y volvía a escuchar mi melodía favorita, la que marca a compás tu corazón. Y en ese instante me dio todo igual, el pasado y el dolor... solo quería que fuéramos felices allí donde siempre lo fuimos.
Al cruzar aquel pasillo, al rozar tus sábanas sentí como ya no había marcha atrás. Y allí donde dos puntos convergen, donde siempre... volví a sentir tu piel, te volví a sentir... tus manos y las mías se enredaron. Y al principio ninguno queríamos abrir los ojos, porque sabíamos que es mucho mejor sentir desde dentro.
Y paso la noche, y hubo besos, abrazos, miradas, caricias... no sé si amor, no sé si pasión pero si un nosotros. Sentir que eras tu y no otro cuando en sueños dormido susurrabas. Volvimos a dormir en aquella estrecha cama, y me buscaste de madrugada para acurrucarme en tu pecho, no sé si por compasión, por pena o por deseo. Lo que sí sé es que me podría quedar ahí a vivir.
Y a la luz de alba, escuche los sonidos de nuestras noches compartidas, el de bares que abrían sus puertas, el de voces en las calles donde tu has crecido, el olor a café, el frío de tu habitación que se pega a las huesos y hacen que nuestros cuerpos sean el mejor abrigo. Todo lo que ya había olvidado, pero miles de noches he vivido.
El reloj marcó la despedida, y tras ella... tras aquel ultimo beso sentí como nuestros corazones habían cerrado algunas heridas, escuche ese clic, el que indica que algo se ha puesto en marcha. Quizás sumiéndonos en el anhelo, la nostalgia o las ganas esa noche despertamos los fantasmas del amor, del nuestro.
Quizás por eso tenga esta sensación, que me ha dicho bajito que camine despacio y lento porque camino hacia mi sueño. No sé si serás tú, y tampoco quiero saberlo. Pero no me arrepiento de cada segundo vivido a tu lado, puesto que sea por el motivo que sea, no ha sido en vano.
A ti mi incansable compañero, hemos comprobado que ni la distancia, ni el tiempo son suficiente excusas para dejar de buscarnos. Y por eso ahora entiendo que a veces es necesario perderse para poder encontrarnos.
No le buscare un final acorde a este escrito, puesto que relata un poco más de nuestra historia, que a día de hoy y después de muchos puntos suspensivos, vueltas de página, puntos y apartes aún no ha encontrado un final. ¿Y por qué dárselo?
jueves, 28 de agosto de 2014
Del pasado, al futuro más presente.
Después de muchos meses, demasiados quizá, me siento más yo que nunca. Si miro atrás me doy cuenta de cuanto han cambiado las cosas, de cuanto he cambiado, de como el tiempo, el destino o la suerte han ido poniendo en mi vida cada cosa en su lugar.
Quizás he vivido durante muchos meses en la más absoluta incoherencia, sin saber a donde ir, a quien mirar, lo que realmente quería y lo que no deseaba vivir jamás. A lo mejor el culpable de todo esto fuiste tú, no sé, puede que realmente la culpa fuera solo mía. Ya no me dueles, pero es imposible no hablar del pasado sin mencionarte a ti, porque lo eras todo.
Supongo que la vida cambia cuando se desvanece todo lo que tenias preparado para tus próximos años de vida. Y al principio sí, es verdad, me sumergí en ese miedo traicionero de no querer vivir. Ay que equivocada estaba cuando pensaba que la vida se acababa ahí. Por eso ahora, pensándolo mejor, sí, la mayor culpable fui yo.
Por creer que no había vida sin ti, que no existía futuro que no fueras tu. Culpable por creer que las cosas pasarían tal y como lo teníamos planeado, porque al fin y al cabo quién sabe lo que nos depara la vida. Culpable también por vivir a través de tu vida, siguiendo tus pasos y no los míos, culpable por obligarme a seguir tu camino por el miedo de no querer entender que aunque estuviéramos hecho el uno para el otro, nuestras vidas tenían un destino diferente. Es jodido, pero a veces pasa.
Y eso es lo mejor, no saber que estar por llegar. Ahora vivo con la constante sonrisa. Porque siento que mi vida es el desorden más ordenado que he vivido jamás. Porque todo está en su sitio, porque han vuelto a mi vida personas que realmente necesitaba, y no, no he vuelto al pasado. Pero si vivo un presente mucho más a mi medida.
Y lo mas gratificante de todo es escoger un estilo de vida que hace feliz a lo demás, una forma de vivir que hace que los demás sean felices, sí, una felicidad contagiosa. Una felicidad que roza la locura, pero es la locura lo que me hace sonreír.
No quiero mirar hacia detrás, porque aunque me he estado meses torturándome con el pasado convirtiéndolo en presente día tras día. Ahora no veo más futuro que el hoy, y mañana que el destino, la suerte o la misma vida decida.
Cuando llenas tu vida de cosas positivas, todo lo que quede por llegar positivo será. Aunque algunas cosas duelan al principio hay que encontrar el equilibrio en aprender del dolor y no en vivir de la infelicidad.
Quizás he vivido durante muchos meses en la más absoluta incoherencia, sin saber a donde ir, a quien mirar, lo que realmente quería y lo que no deseaba vivir jamás. A lo mejor el culpable de todo esto fuiste tú, no sé, puede que realmente la culpa fuera solo mía. Ya no me dueles, pero es imposible no hablar del pasado sin mencionarte a ti, porque lo eras todo.
Supongo que la vida cambia cuando se desvanece todo lo que tenias preparado para tus próximos años de vida. Y al principio sí, es verdad, me sumergí en ese miedo traicionero de no querer vivir. Ay que equivocada estaba cuando pensaba que la vida se acababa ahí. Por eso ahora, pensándolo mejor, sí, la mayor culpable fui yo.
Por creer que no había vida sin ti, que no existía futuro que no fueras tu. Culpable por creer que las cosas pasarían tal y como lo teníamos planeado, porque al fin y al cabo quién sabe lo que nos depara la vida. Culpable también por vivir a través de tu vida, siguiendo tus pasos y no los míos, culpable por obligarme a seguir tu camino por el miedo de no querer entender que aunque estuviéramos hecho el uno para el otro, nuestras vidas tenían un destino diferente. Es jodido, pero a veces pasa.
Y eso es lo mejor, no saber que estar por llegar. Ahora vivo con la constante sonrisa. Porque siento que mi vida es el desorden más ordenado que he vivido jamás. Porque todo está en su sitio, porque han vuelto a mi vida personas que realmente necesitaba, y no, no he vuelto al pasado. Pero si vivo un presente mucho más a mi medida.
Y lo mas gratificante de todo es escoger un estilo de vida que hace feliz a lo demás, una forma de vivir que hace que los demás sean felices, sí, una felicidad contagiosa. Una felicidad que roza la locura, pero es la locura lo que me hace sonreír.
No quiero mirar hacia detrás, porque aunque me he estado meses torturándome con el pasado convirtiéndolo en presente día tras día. Ahora no veo más futuro que el hoy, y mañana que el destino, la suerte o la misma vida decida.
Cuando llenas tu vida de cosas positivas, todo lo que quede por llegar positivo será. Aunque algunas cosas duelan al principio hay que encontrar el equilibrio en aprender del dolor y no en vivir de la infelicidad.
lunes, 14 de julio de 2014
Quiero quererte.
Te quiero pero si me llegas a querer,
quiero que me quieras y te quedes.
No me quieras si te vas a ir.
Quererte aunque no me quieras
duele menos.
No quiero sufrir eso de tenerte
y acostumbrarme a ti
para después estar días medicándome
con mi soledad.
quiero que me quieras y te quedes.
No me quieras si te vas a ir.
Quererte aunque no me quieras
duele menos.
No quiero sufrir eso de tenerte
y acostumbrarme a ti
para después estar días medicándome
con mi soledad.
domingo, 13 de julio de 2014
Adelante.
Me despierto en una habitación poco familiar. Abro los ojos y los cierro intento aclarar mi enmarañado pensamiento. Creo que aún tengo fiebre. A mi alrededor paredes repletas de posters poco conocidos para mi. ¿donde estás?
Tras creo que varios minutos consigo abrir los ojos, busco a prisa mi móvil. Vaya que tarde es, casi la hora de comer. Justo al lado de mi móvil encuentro una nota, creo que es la primera vez que veo su caligrafía, es preciosa. ''Buenos días bella durmiente, he salido hacer la compra. No te escapes, llegaré pronto.'' Y sin estar presente, ya me has hecho sonreír.
Salgo de la habitación y camino por una casa que no es la mía, sus padres están fuera de vacaciones así que todo es mas tranquilo. Las paredes no son demasiado escandalosas, y todo esta en perfecta armonía. No hay demasiadas fotos, pero encuentro una suya que me hace reír a carcajadas.
De repente escucho como alguien entra por la puerta y sin darme tiempo a girarme grita ''¿qué tal se encuentra la enfermita hoy?'' y pone una preciosa rosa blanca a la altura de mi nariz. Está loco, pero me encanta. Me coge en brazos me lleva al sofá y comienza hacerme cosquillas hasta que lloro de la risa ''así, así es como me gusta verte'' dices mirándome con esos ojos azules.
Porque tu eres así, eres igual de trasparente que tus ojos. Y tienes tanta fuerza, tanta energía que inundas a cualquiera. Aunque tengo que admitir que a veces me agotas, contigo las siestas no valen. Siempre acabas convirtiendo todo en una apuesta totalmente absurda pero que a ti te hace darle mas sentido a la vida. Eres tan real.
Mientras comemos no paras de hablar, de saltar de un lado para otro, de hacer planes que deshaces a las 5 minutos. Y yo tranquila te observo desde el otro lado del sofá. No me dejas hacer nada, me consientes, me proteges y me mimas, me pregunto cuanto más durará esto.
Las horas trascurren así, sin complicaciones. Contigo todo es demasiado fácil, no tengo que preocuparme por nada, todo fluye sin mas. Y al igual que las horas pasan los días también. Tres días de lo mas perfectos, lleno de risas, de duchas en la madrugada, de lunas preciosas, días llenos de tu historia y de la mía. De ansias y de ganas por saber que somos, de miedos a no ponerle un nombre y de ilusiones por saber que no nos hace falta porque solo nos preocupa seguir adelante.
Y ahora estoy aquí sentada al borde de tu cama viéndote dormir, y aunque al principio la idea de estos tres días no me gustará, ahora solo quiero encontrar la forma para no irme de aquí. Me has devuelto la vida, las ganas, la ilusión... me haces sonreír.
Gracias rubio, por aparecer en mi vida y llenarla de azul.
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