domingo, 13 de julio de 2014

Adelante.

Me despierto en una habitación poco familiar. Abro los ojos y los cierro intento aclarar mi enmarañado pensamiento. Creo que aún tengo fiebre. A mi alrededor paredes repletas de posters poco conocidos para mi. ¿donde estás? 

Tras creo que varios minutos consigo abrir los ojos, busco a prisa mi móvil. Vaya que tarde es, casi la hora de comer. Justo al lado de mi móvil encuentro una nota, creo que es la primera vez que veo su caligrafía, es preciosa. ''Buenos días bella durmiente, he salido hacer la compra. No te escapes, llegaré pronto.'' Y sin estar presente, ya me has hecho sonreír. 

Salgo de la habitación y camino por una casa que no es la mía, sus padres están fuera de vacaciones así que todo es mas tranquilo. Las paredes no son demasiado escandalosas, y todo esta en perfecta armonía. No hay demasiadas fotos, pero encuentro una suya que me hace reír a carcajadas. 

De repente escucho como alguien entra por la puerta y sin darme tiempo a girarme grita ''¿qué tal se encuentra la enfermita hoy?'' y pone una preciosa rosa blanca a la altura de mi nariz. Está loco, pero me encanta. Me coge en brazos me lleva al sofá y comienza hacerme cosquillas hasta que lloro de la risa ''así, así es como me gusta verte'' dices mirándome con esos ojos azules.

Porque tu eres así, eres igual de trasparente que tus ojos. Y tienes tanta fuerza, tanta energía que inundas a cualquiera. Aunque tengo que admitir que a veces me agotas, contigo las siestas no valen. Siempre acabas convirtiendo todo en una apuesta totalmente absurda pero que a ti te hace darle mas sentido a la vida. Eres tan real.

Mientras comemos no paras de hablar, de saltar de un lado para otro, de hacer planes que deshaces a las 5 minutos. Y yo tranquila te observo desde el otro lado del sofá. No me dejas hacer nada, me consientes, me proteges y me mimas, me pregunto cuanto más durará esto. 

Las horas trascurren así, sin complicaciones. Contigo todo es demasiado fácil, no tengo que preocuparme por nada, todo fluye sin mas. Y al igual que las horas pasan los días también. Tres días de lo mas perfectos, lleno de risas, de duchas en la madrugada, de lunas preciosas, días llenos de tu historia y de la mía. De ansias y de ganas por saber que somos, de miedos a no ponerle un nombre y de ilusiones por saber que no nos hace falta porque solo nos preocupa seguir adelante.

Y ahora estoy aquí sentada al borde de tu cama viéndote dormir, y aunque al principio la idea de estos tres días no me gustará, ahora solo quiero encontrar la forma para no irme de aquí. Me has devuelto la vida, las ganas, la ilusión... me haces sonreír.

Gracias rubio, por aparecer en mi vida y llenarla de azul.



miércoles, 18 de junio de 2014

Incoherencia.

Hace ya... bueno hace tiempo que te fuiste. Hoy te pienso y te siento de una manera tan extraña. A veces siento que nunca estuviste en mi vida, que fuiste uno más de todos mis sueños. Entonces me miro a las manos y siento las tuyas. Entonces cierro los ojos y escucho tu risa. Y es que esa risa no puede ser soñada, porque cuando reías era el sonido mas vivo y real que jamas podía oír.

Sabes... creo que ya no estoy enamorada de ti, es más creo que mi amor se ha consumido. Es irónico pero todo este tiempo lo único que me ha mantenido con vida era ese amor tan absurdo e insignificante que sentía por ti. Un amor no correspondido, un amor roto a pedazos, un amor desgastado, consumido, traicionado... pero el amor más verdadero que mi corazón pueda llegar a sentir.

Y resultará extraño pero vivía enamorada de nosotros, vivía de nuestros recuerdos, de nuestras risas... Y ahora, ahora solo siento miedo a olvidarlo. Miedo a cerrar los ojos y no poder ver los tuyos, miedo a no recordar tu olor, miedo a olvidarte... Porque parte de mi sigue en ti, y es como si olvidándome de ti, yo dejara de ser yo. O al menos un yo un poco menos sin ti.

Sé que jamás podrás llegar a comprenderlo, sé que mi corazón era demasiado grande para ti. Pero me daba igual sabes... me daba igual cuantas veces me hicieras daño. Ignoraba cada vez que rompías mi corazón porque tu imperfección resultaba ser perfecta para mi. Porque te quería sin más, te quería a ti, tan desastre, tan orgulloso y tan doloroso como siempre.

Y es que tu querido compañero me rompiste en mil pedazos una y otra vez, sin darte cuenta que aunque tu por mi no morías, a mi me matabas cada vez. Porque eso es el amor ¿no? Morir amando, y matar por el. Y bien saben todos cariño, que yo por ti paraba el mundo, me arrancaba la piel y hacia de tu boca mi propia religión.

Es una pena que tu, con tus impulsos de hombre cobarde acabaras con este amor de aquella forma tan cutre y desentonada. Pero al fin y al cabo tu eras eso, la nota que nunca encajaba en mi melodía. La culpa fue mía por intentar afinar tu corazón, y es que se me olvidaba que los instrumentos cuando no se utilizan comienzan a desafinar.

Pero esto entre tu y yo, aunque te fueras de tono, eras mi melodía favorita. Eras como estas canciones que al principio chirrían, pero luego no puedes dejar de escuchar una y otra vez.

Y con esto no te digo ni que te quiera, ni que te odie. Simplemente que estas dejando de dolerme, y aunque ese hecho me asuste, sé que siempre habrá algo que me recuerde a ti. Y créeme a mi me da igual que hayas dejado de pensar en mi, me da igual que dejaras de quererme y que sea otra la que caliente tu piel.

Porque lo que tu y yo vivimos, entre nosotros quedará, y aunque por momentos con mi vida pedazos hicieras, para ti la palabra perdón siempre estará. Porque supongo que por muy jodido que fueras, eres de esas personas que te cambian sin más, y aunque orgullosa viva y muera, contigo el orgullo siempre tiene final. Orgullo con el que siempre diré que parte de mi vida formaste, porque aunque a base de llantos lo hicieras, tu a mi... Tu a mi me has hecho mujer.




domingo, 11 de mayo de 2014

Otros labios.

La noche se hizo dueña de cuanto había a mi alrededor. El tiempo había pasado sin apenas darme cuenta, para mi sorpresa claro. Tenía frente a mi a un chico, de estos que cuando sonríen sin razón ninguna dibuja tu sonrisa. Una sonrisa casi tan perfecta como el cielo estrellado que me acompañó esa noche.

La cena se había terminado, y la botella de vino también. No sabía porque, pero estaba feliz en el calor de otros brazos. Con los ojos cerrados, lo escuchaba hablar, y me gustaba. No sentía prisas, ni la necesidad de mirar el reloj. La brisa era fresca, olía a césped recién cortado, y eso me encanta.

Me tocó admitir entre risas que me alegraba de haber cedido a la invitación, se me notaba en la cara. La música sonaba de fondo mientras que disfrutaba de las aguas frías de una piscina, que en pocos instantes después calentó nuestros corazones. 

No sé en que instante me perdí y abandoné mi ser, o sí, quizás me perdí entre tus labios. Quizás tuviste algo que a otros los faltó, quizás supiste hacerme tuya sin haberme tocado antes. Lo que sí sé es que me vi envuelta en las caricias de unas manos desconocidas que ansiaban mi piel. 

Sentía el agua fría mezclarse con el sudor caliente caer por mi columna, tu manos alrededor de mi cadera y tus labios allí donde alcanzaban a besarme. Por unos minutos abandone esta tierra para alcanzar el más puro paraíso, y juro que me hubiera encantado quedarme allí a vivir.

A la mañana siguiente me desperté entre unas sabanas blancas de una cama que no conocía, desconcertada abrí los ojos, y allí te encontré recostado a mi lado con los ojos abiertos. Nerviosa te pregunté ''¿qué haces ahi?'' Sonreíste y los ojos te brillaron, ''ver lo guapa que estás mientras duermes'' el corazón me dio un vuelco y mi estómago se encogió de pronto. Me gustabas más de lo que pensaba.

El camino de vuelta a mi casa trascurrió en silencio, no era capaz de articular palabra. No sé si fue por lo que esa noche había ocurrido o por lo que aquel domingo de mañana temprana me deparaba. Me despedí con un beso fugaz, y hasta el día de hoy no he sido capaz de saber de ti.

Ojala pudiera contestar las llamadas, los mensajes que día tras día vas dejándome, pero no puedo. No sé si estoy preparada para amar de nuevo, ni si quiero sé si estoy preparada para sustituir aquellos viejos besos, por estos nuevos. 

Lo que sí sé es que desde aquella noche no hago otra cosa que pensar en ti. 

jueves, 8 de mayo de 2014

Donde todo comenzó.

Era una mañana como otra cualquiera, pero distinta a todas las anteriores. Me desperté entre los escasos rayos de luz que por mi ventana podían pasar. El calendario marcaba un bonito Lunes 27 de junio. En el ambiente se podía respirar ilusión, pero sobre todo incertidumbre.

Recuerdo como ya por esas fechas acostumbrábamos hablar cada vez que podíamos, y de ese día solo recuerdo tu ausencia, el nudo en el estómago de saber que te di la invitación al que ese día seria mi paraíso pero al cual no tenia del todo claro si ibas a querer pasar.

Esa mañana trascurrió de forma ajetreada, y de vez en cuando tu nombre aparecía por mi enmarañado pensamiento. No pude comer, y me plante bien pronto en la peluquería. Leía y releía una y otra vez el discurso que ese día tenia que leer, sí, mi graduación. El hecho de hablar delante de tantas personas me aterraba, pero más aun sabiendo que quizás entre una de tantas, estarías tu.

La hora se me hecho encima mas pronto que tarde. Pero estaba lista, lista para cualquier cosa que ese día pudiera depararme, pero sobre todo, lista para ti.

Recuerdo como baje del coche acompañada de mi familia, y entre en el que por esas fechas era mi querido instituto.No paraba de mirar a mi alrededor, de buscarte entre caras conocidas. Quería verte, ansiaba ver tu sonrisa, tus ojos, tenia ganas de ti y de tus labios.

De pronto escuche como mis profesores me reclamaban, era la hora de poner todo en marcha. Y entre instrucciones y halagos de aquellos personas que vieron brillas mis ojos aquel día. Comenzó lo que tanto tiempo llevaba esperando.

Estaba sentada junto a todas aquellas personas que durante cuatro años habían sido mas que compañeros. Mi corazón se debatía entre el orgullo y la nostalgia. Sentada a la izquierda del escenario, en primera fila y en el tercer lugar de ella, junto a todas mis compañeras había algo que no podía quitarme de la cabeza, y ese algo eras tu.

Te buscaba entre el público asistente, y juro que llegue a pensar que no vendrías. Llego la hora de levantarme a leer, me puse frente al micrófono, sin mirar nadas mas que el papel que tenia entre mis manos, comencé a leer calmada y levante la vista cuando al fondo te vi, tan guapo como deslumbrante entonces mi voz se quebró y alguna risita escuche de fondo.

Estabas allí. De pronto toda había acabado, ya solo estábamos por grupo escuchando a los que ya eran antiguos profesores. De repente apareciste tu, me diste dos besos, sin alejar tu boca de mi odio me dijiste bajito ''eres la mas guapa de todas'' y entonces me guiñaste un ojo y te fuiste.

En ese momento lo supe, te quería a ti conmigo, y esa tenia que ser nuestra noche. Era un todo o nada. Era el momento, el lugar, el día que nuestro destino nos quiso juntar por segundo vez, pero en el cual por vez primera pude sentir como no quería que fuera la última ocasión en la que tus labios rozaran los míos.

El resto de la noche supo a besos, a éxtasis, a ganas de más. Supo a locura, a coplillas cantadas al oído, a tu mirada canalla, el resto de la noche supo a ti y ami, a lo que más tarde sería un nosotros.






jueves, 24 de abril de 2014

Fuimos.

Lo nuestro era una de esas historias que casi nadie vive, pero que todo el mundo cuenta.
Una de esas que te dejan el corazón blandito y las manos frías,
con todo ese remolino de cosas que hacen que te muerdas las uñas
y cantes todas esas canciones que dices que odias.
Nuestra historia era una de esas historias infinitas, sí,
de las que siempre aparece un ''continuará'' al final de la escena
y parece que no hay sitio,
(o que no queremos que lo haya),
para poner el punto

y aparte.
De esas que te dejan con los labios cortados
y la nariz rojita aunque este a 40 grados en pleno agosto.
Nuestra historia era una de esas basadas
en conversaciones con los ojos,
en peleas sin sentido
y en días echándonos de menos así por que sí.
Una de esas historias donde el orgullo se cree que manda
pero luego siempre aparecían las ganas de ti y de mí.
Las ganas de nosotros.
De las que no necesitas contársela a nadie
porque sabes que no la entenderían
y eso hace que te guste
más aún.

Una de esas historias donde la casualidad nos junta
donde menos nos lo esperábamos
y cuando más lo llevábamos esperando.
Donde me daban igual los demás abrazos
porque ninguno era capaz de calentarme los huesos
tanto como eran capaces los tuyos.

Una historia de esas con finales tristes,
con sus reencuentros y sus despedidas
y las dudas de no saber si se acabo para siempre



o sólo fue un párrafo más.

Te quise tanto.

Se paró el reloj, paraste mi vida. Te fuiste sin decir adiós, sin un beso de despedida, de esos que saben a olvidar pero te marcan toda una vida.

De un día para otra ya no estabas. Ya no podía contarte como me había ido el día, ya no podía escuchar tu risa, tus pequeñas broncas. Ya sabia que jamas volvería a escuchar tu corazón latir acurrucada en ti. En tus brazos, los que fueron mi mejor refugio en esas noches de invierno.

Ahora ya no queda nada de nosotros, todo se evaporo. Ya volaron las palabras, las promesas, los sueños... todo ha desaparecido. Me partiste el alma, me secaste por dentro hasta apagar mi mirada, mi sonrisa, mi luz. Desconcertada pasaba las noches en vela anhelando tu compañía, y es que a ti querido compañero, por más veces que me rompieras el corazón, ni una sola conseguirías que llegara a odiarte.

A ti te perdoné lo imperdonable, a ti te conté secretos de viejos tormentos. Te amaba tanto que tu me hacías daño y luego era yo la que te consolaba. Por ti dí lo que nunca había dado por nadie, por ti me fallé a mi por no fallarte a ti, por ti me arriesgue a volverme a enamorar, por ti lo di todo hasta el final. Y sabes qué, no me arrepiento de nada.

Ahora que ha pasado el tiempo, me doy cuenta que lo tuvimos todo, siendo nada, y lo perdimos todo intentando ser algo. Ya no queda odio, ni reproches. Ni si quiera perderé el tiempo en decirte cual fue tu mayor error. Aunque es difícil ver como alguien que alguna vez estuvo tan cerca de ti, puede llegar a ser un total extraño. Porque así te siento, aunque conozca tu ser mejor que tu mismo. Quizás sea por los largos meses que nos separan, por la incomprensión, o quizás sea el olvido que comienza hacer su hueco.

Toda mi vida era para ti, estaba dispuesta a todo, solo quería cerrar los ojos y construir nuestro futuro. Solo quería que fueras feliz, y ahora, aunque ya no estés conmigo, aunque ya no sea yo el motivo de tu sonrisa, quiero que seas feliz. Por todo lo que has luchado, por lo que eres y por lo que puedes llegar a ser.

A ti, mi querido compañero del pasado, le guardaré siempre un rinconcito dentro de mi corazón. Sin rencores, sin excusas, desde el corazón y sentimiento más sincero. Guarda cada error que cometimos juntos, y que te sirvan de lección para toda una vida.

Suerte, sé feliz.




martes, 1 de abril de 2014

Cambiando.

Los días pasan, y se van llevando los restos de tristeza. Cuando suena el despertador por la mañana, abro los ojos miro todo lo bueno que tengo, sonrío, y doy las gracias. Quizás últimamente no haga otra cosa que eso, dar las gracias, a todos y por todo. A mi familia por quererme, a mis amigos por soportarme en mis peores días, a mi armario por tener tanto fondo, al sol por salir en mis mañanas más nubladas, a el chico que me atiende en la cafetería, a la señora de la tienda de ropa, a mi querida abuela por cuidarme desde el cielo. Así todo es más fácil, sonreír y dar las gracias, algo tan sencillo y que muy poca gente hace. Yo antes no lo hacia.

Cuando paso frente al espejo y miro mis ojos, casi no me lo creo, pero brillan. Brillan de ilusión, no porque estén mojados. Y entonces sonrío y otra vez doy las gracias, a quien sea, a lo que sea, pero gracias por devolverme la ilusión.

Mi corazón, o quizás mi cuerpo entero, dio la vuelta como un calcetín. Desde que sé que la mejor opción para ser feliz, es sentirte bien. Es un constante sube y baja de sorpresas. A veces me da miedo, las sorpresas siempre me dan miedo, pero aún así me encantan. Porque no sé lo que viene después, porque vivo con la ilusión de qué pasará mañana.

Y no, no voy a negarlo. Tengo días malos, horribles quizás... y no, claro que no me he olvido, ni creo que lo haga en un tiempo. Pero sí me he superado, soy fuerte, me enfrento a cada día con la mejor de mis sonrisas. No voy a vivir estancada en el recuerdo de lo que nunca más será. Voy a salir a la calle, voy a pisar bien fuerte este mundo, para que todos se enteren de que estoy aquí. Porque no, no me he rendido.

Abril, sé que me vas a traer tantas cosas buenas como yo alcance a imaginar. Estoy totalmente dispuesta a recibir. Sé que esta nueva aventura solo acaba de empezar. Y sé que a la vuelta de la esquina, en la próxima parada, muchas cosas buenas esperan para recibirme. Y es que las cosas comienzan a encajar con perfección absoluta cuando estamos concentrados en lo que queremos.

Y a ti querido lector, si es que algún día alguien llega a parar a esta entrada, si alguien me está leyendo. Se feliz, no por nadie ni con nadie. Sé feliz tú mismo y entonces todo, comenzará a cambiar.