domingo, 19 de febrero de 2012

De mis días malos.

Como llevar a cuestas una maleta a la que le van echando piedras... Al principio aguantas, pero llega un momento que te caes de espaldas. Me doy cuenta de que no sé donde está mi sitio, no lo encuentro. Solo escucho silencio, no hay nadie. Entonces lloro y asumo el silencio. Es mi soledad la que me lleva siempre a recordar. Y empiezo a contar un palo tras otro, los días que me trague palabras, las decepciones y las caídas de las que me pude levantar, y de las que aunque quiera no lo haré jamás. 


Me doy cuenta, de que llevo media vida intentando que los demás siempre estén orgullosos de mi... y al final se me olvidó ser feliz. Que no hay nadie, ni nada... que ahora las palabras ya no bastan. Frío que siento perfecto, consuelo de tontos, orgullo de necios, palabras sin fondo, mi ahogo es sincero en el mar de mi alma en deshilo. La heridas se van abriendo y yo no encuentro principio ni fin. Todo es demasiado grande, me sobrecoge, me puede, me rompe y me lleva sin más.


Búscame hasta que me encuentres, porque eres lo único que quiero en mi mente, porque tu nunca te fuiste y siempre estuviste presente. Si tu quieres puedes, porque yo... Yo ya no puedo. 


Me entrego al recuerdo, sufriendo si pienso y cansada me espero a que el tiempo lo cure y me lo haga saber. Porque por más que lo intento, no entiendo. Por más que lo siento, por más que me acuerdo y me enredo, sin más de nuevo en silencio me acuerdo de ti.



jueves, 26 de enero de 2012

La medicina de la vida

En ocasiones creemos que por el mero hecho de dar, tenemos derecho a recibir. Gran equivocación. Sí, sobre todo mía.

Pero esto no es un juego, no se trata de ganar o perder. De quién da más o quién da menos. Se trata de mi, se trata de ti, de nosotras. Se trata de toda una vida compartida que sin más se ve reducida a un simple buenos días. Se trata de horas en el patio del recreo, de tardes en el parque, de meriendas, de todos los cumpleaños de nuestras vidas, de los primeros cambios, de horas pegadas al teléfono, de primeras fiestas, de recuerdos pegados a un disfraz,de canciones, de fotos, de secretos en medio de la madrugada, de promesas irrompibles... Se trata de nuestras cosas, nuestra historia.

¿Dónde queda todo eso? ¿Dónde está? Se fue, lo perdimos... ¿Lo perdimos?  No, lo perdiste. Las noches diarias de conversaciones se fueron reduciendo, los consejos fueron siendo menos, nuestros brazos ya no se estrechan, nos vemos todos los días y como si nada, las promesas se rompieron. 

Todas y cada una de tus palabras se quedaron suspendidas en el aire... Llegaron los malos gestos, las desganas, la tensión y la deslealtad. Miradas que dejaban mucho que desear y detalles que no fueron ni mucho menos apropiados. 

No soy quien para juzgar a nadie, y precisamente santa no soy. Pero para bien o para mal, por suerte o por desgracia... Me hicieron de la forma que soy, enseñándome a darle a cada cosa su valor, a no fallar jamás y sobre todas las cosas, me enseñaron que la amistad es una de las cosas mas bonitas e importantes que la vida pueda regalarnos.

Amistad, palabra demasiado grande para ti... porque no la tienes en tu vida, y si la tuviste no supiste apreciarla. Que la amistad no es solo para cuando nos hace falta, es para cuando también le hacemos falta a los demás. Que la amistad no es irse de fiesta, es saber que te estás divirtiendo porque las tienes a ellas. Que la amistad no es la de los momentos divertidos, es la que no se va cuando todo es horrible. Los amigos son familia, familia que se escoge. 

No me arrepiento de cada momento en el que tendí mi mano. Porque eso es precisamente lo que nos hace diferente, lo que nos diferencia. 

La amistad solo la siente en el corazón. Y si no la sientes, por mucho que te consideres amiga, no lo eres. Dejémonos de falsas escusas, de acusaciones absurdas, se intentar ser más que los demás y de ese afán por destrozar todo lo que nos quedaba, si es que nos queda algo. 

Me he dado cuenta que ofrecer amistad a quien busca defectos para hacer daño, es como dar pan a quien se muere de sed. Por eso ni te ofreceré mi amistad, ni me harás más daño.

Y si algún día miras a tu alrededor y no encuentras mas que ese vacío enorme que vas creando, siendo cociente de tu soledad y arrepintiéndote de cada daño provocado, y preguntándote el por qué todo todo eso, te diré que para tu mal y para mi bien... Que la única manera de tener un amigo, es siéndolo.  



sábado, 14 de enero de 2012

Regálame.

Cuéntame cosas al oído
mientras que amas
en la noche larga y callada.

Háblame de cómo te sientes
y no dejes que la luz
huya de mi mirada.

No deje de amarme,
incluso si yo te lo pido
y a otro sitio me llevo
en la noche mi almohada.


Régalame tu voz cada día,
no me robes nunca la calma
que me da oírte respirar
pegado a mi espalda.





















miércoles, 11 de enero de 2012

``Mira la vida´´


Dime que es verdad que te quedas a bailar, dime la mitad y
me puedo morir ya.

Dime que hay detrás de esa cara dibujada. Dime si es normal
que me pase esto que me pasa.

Dime que eres real, no eres un sueño ni nada.
Dime quien da mas y te entrego aquí mis armas.

Dime que sera todo esto que me pasa.
Dime, dímelo ya, porque ya no entiendo nada!
Mira la vida. Mira la vida, mira.

Dani Martin.

domingo, 8 de enero de 2012

Lo ves y no lo crees, y cuando lo crees, no lo sientes.

Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. No pude evitarlo, no podía conseguir alejar ese pensamiento de mi. ¿Qué está ocurriendo? Eso era lo único que era capaz de preguntarme una y otra vez. Pensé que ya estaba superado -me recordaba a mi misma- pero no.

Justo en el instante decisivo, era poder o no poder. No. Mejor dicho, era querer o no querer. Apareció en mi mente los ojos que más dicen sin hablar... y justo en ese momento, ni quise ni pude.

Recompuse cada pedazo de mi, me mantuve en pie. Recordé aquella promesa, y la cumplí. No lo he hecho mi amor, no lo he hecho. Eso me recordaba una y otra vez, intentando pintar la oscuridad de algún color. Y por un segundo me faltaron fuerzas... y caí desplomada al suelo en la más absurda desesperación. Sin fuerzas, sin ganas, hundida sin más.

No hay explicaciones lo suficientemente reales para tal sensación, no, no las hay. Quisiera enseñarte con palabras lo que siento con dolor, desearía componerte frases para que entendieras la explicación. Pero ni tu, ni nadie, entenderá jamás la situación.

Por lo tanto amor, no me sueltes. Que por suerte o por desgracia, no hay mal que por bien no venga. No intentes ser más de lo que ya eres, porque tu con esto no puedes, es más, no te dejaré traspasar más allá de lo que debes. Eres tu por el que cumplí mi promesa, eres al que intentaré no fallarle nunca.

Lo que no mata, te hace más fuerte. O al menos eso dicen. Y estoy completamente segura de que tu me has hecho más fuerte.




martes, 27 de diciembre de 2011

Lágrimas preciosas.

Como cuando era pequeña y compartía juguetes en el patio del colegio con el chico que me gustaba. Como cuando estaba en primaria y el guapo de la clase quería sentarse conmigo. Como cuando comencé el instituto y me pidieron salir por primera vez. Como aquel primer cosquilleo y temblor de piernas al ver a ese chico especial. Como aquella primera cita y aquel primer beso. Como aquella primera vez que sientes amor hacia otra persona. Como la amistad que sentiste por aquel amigo que no se fue jamás. Como ese sentimiento de satisfacción al conseguir lo que te proponías.

Como todos esos sentimientos, pero a la vez. Sí. Mezclados, revueltos, sin orden, fuertes, ingenuos, sinceros y poderosos. Todos ellos sin más, sin un por qué, sin poder dar explicaciones, con sentido o sin el. Como sea, que más da. Eso es lo que siento en este momento.

Porque me arrepiento cada día más de cada vez que pensé no puedo con esto, por cuantas veces intente decir en voz alta se acabó lo nuestro, por todas las palabras mal dichas, los desplantes y los desaires que tuve contigo, porque sí, porque me arrepiento.

Adicta a tu sonrisa, a tus besos, a tus manos, a tu mirar, a tus caricias. Adicta a ti, y nadie más.

No quiera más días malos, ni tormentas. Y es que amor, ya todo me da igual... lo único verdaderamente importante para mi es tu felicidad. Me da igual todo hasta el punto de amar sin medidas, de quedarme sin aliento, de rajar mi piel con recuerdos.

Porque me has enseñado tú a disfrutar del momento, a cerrar los ojos y dejarme llevar. Porque me puedes y nunca pensé verdaderamente que lo nuestro fuera a funcionar, y sin embargo esto es tan grande que se me va de las manos, que no soy capaz de controlarlo, que me lleva y me trae. Algo que me cuesta aceptar, que en momentos determinados me cuesta crees, que ciertas noche pienso debe de ser un sueño.

Sé que soy para ti, y tu para mi. Y no hay más. Dos piezas totalmente imperfectas de un rompecabezas que encajan con la mayor perfección. Me haces feliz hasta el punto de llorar de alegría, sintiéndome viva al ver tu sonrisa. Sí, soy feliz, más que nunca, más que con nadie, más que en cualquiera de estos últimos días.

Porque mi amor eres ese rayo de sol que entra por mi ventana, eras esa palabra de consuelo, y esos ojos a donde mirar. Eres todo lo que quiero que seas, y eres de lo que nunca, y digo nunca, me quiero separar.